Historia de Abanilla

INTRODUCCIÓN:

Las evidencias arqueológicas demuestran que el asentamiento humano en Abanilla es continuo desde tiempos prehistóricos. En la época romana debió ser zona de paso entre las termas de Fortuna y Archena y la Vía Pretoria que pasaba por Yecla y Pinoso. Los árabes la llamaron 'Al-Banyla' y la protegieron con una fortaleza situada en el Lugar Alto, de la que aún quedan restos. Con la Reconquista cristiana, el pueblo fue objeto de las veleidades entre las Coronas de Castilla y Aragón, pasando de una jurisdicción a otra, hasta que en el año 1462 Enrique IV de Castilla se la entrega a la Orden Militar de Calatrava. Durante el siglo XVIII experimentará cambios sustanciales en su fisonomía medieval. Ya en el siglo XIX, el municipio se independiza de la Orden de Calatrava, consiguiendo su plena integración en la vida nacional.

Castillo de Abanilla


PREHISTORIA:

El Yacimiento Paleontológico de la Sierra de Quibas puede ser, si se confirman en las excavaciones los rumores de algunos científicos, uno de los yacimientos con los restos humanos más antiguos de España y de Europa. Unos excursionistas encontraron de modo casual, en una vieja cantera abandonada de la Sierra, unos fósiles a finales de 1994 y se los entregaron a un Grupo Paleontológico de Elche (Alicante). Años más tardé se constató la importancia del hallazgo y el lugar de la cantera donde se encontraron los restos fue declarado Bien de Interés Cultural. Este yacimiento resulta tan interesante paleontológicamente por tres razones:

  • Su edad (finales del Pleistoceno Inferior, de 1'3 a 1 millón de años).
  • Su abundante y variada fauna (más de 60 especies de reptiles, mamíferos, anfibios y aves).
  • Por la posibilidad de encontrar los restos humanos más antiguos de España.

Yacimiento Paleontológico de la Sierra de Quibas


La cultura argárica

Apenas está documentada la información sobre la Prehistoria de Abanilla, al no haber sido excavado sistemáticamente ninguno de sus yacimientos. Sí se han hallado pequeños objetos de sílex y piedras pulimentadas en La Umbría y El Partidor, datados en el periodo prehistórico del Neolítico. La Edad del Bronce, entre 1.800 y 1.100 a. C., dejó en Fortuna el yacimiento de El Morterico, cercano al Lugar Alto. En él fueron encontradas dos hachas de diorita y una serie de fragmentos cerámicos. El uso del metal en sus herramientas y el modo de los enterramientos hallados vinculan a esta zona con la cultura argárica. La forma de enterramiento era la inhumación individual. El cadáver se introducía en cistas o urnas, encogido sobre las rodillas, acompañado de un ajuar funerario.

Los íberos en Abanilla

La cultura íbera, que se extiende por la Península a lo largo de la segunda mitad del primer milenio a. C., dejó su huella también en Abanilla. Se han documentado una serie de poblados en Mafraque, Azud de El Partidor, El Olivar y el Lugar Alto. En este último se halló un 'pilum' o lanza de hierro, de gran poder ofensivo, y varios fragmentos de vasijas con decoración geométrica. En el Llano de Sahués se encontró una escultura de terracota representando el torso de una dama.


LA ABANILLA ROMANA:

La Vía Pretoria

El mundo romano estableció calzadas que comunicaban las distintas regiones de su vasto Imperio. Sólidamente construidas, algunos de sus tramos han perdurado hasta nuestros días. La Vía Pretoria que unía Yecla, Elche y Cartagena tenía una ramificación que conducía a los Baños de Fortuna, pasando por Abanilla. Esta zona estuvo adscrita administrativamente a la provincia Citerior hasta el 27 a. C., Tarraconense hasta el 286 d. C. y a la Cartaginense desde entonces hasta la reorganización visigoda.

La villa del Llano de Sahués

La villa romana del Llano de Sahués se extiende junto al río Chícamo a tres kilómetros al norte de la población de Abanilla. Era una típica villa rústica dedicada a la explotación agrícola. Parece ser que permaneció activa entre los siglos I a. C. y V d. C. Los restos más significativos son dos grandes balsas de riego, dos piedras de molino cónicas y un pie de prensa de aceite o vino. La proximidad del nacimiento del río Chícamo garantizaba agua potable para el ganado y regadío para las tierras del entorno.

Vestigios romanos

Además del Llano del Sahués, el municipio de Abanilla cuenta con otros testimonios del paso romano por su territorio. La canalización del cauce y el molino, próximos al Jarea, son de hechura romana. En Santa Ana se hallaron vasijas y ánforas. El acueducto cercano al Sahués fue de origen romano y, posteriormente, remodelado por los árabes. En el Azud del Partidor apareció un gran bronce romano. Por último, en el Lugar Alto se encontró multitud de cerámica y orfebrería de esta época.


LA EDAD MEDIA:

Hacia el 713 d. C., tras la invasión árabe de la Península Ibérica, Teodomiro firmó con Abdelaziz un pacto de sumisión. El conde visigodo, que gobernaba Orihuela, se convertía por este tratado en el administrador de un amplio territorio entre los ríos Segura y Vinalopó. Desde ese momento Abanilla pasa a depender de Orihuela en todos los sentidos, como parte integrante de la cora de Tudmir. Tras esta primera fase de convivencia goda y musulmana, el territorio es conquistado y anexionado al Califato. Desde el 779 hasta el 1031 permanece en poder del califa. Posteriormente, en el siglo XII la llegada de los almohades sigue vinculando ambas poblaciones. La dependencia de Abanilla de la vecina Orihuela sería fuente de futuros conflictos.

La aljama, la alcazaba y la mezquita son las principales construcciones árabes de Abanilla. El Castillo se erguía sobre el Lugar Alto y su planta formaba un rectángulo oblongo. Sus restos arqueológicos fueron catalogados Bien de Interés Cultural en 1985. La aljama era la institución jurídica que agrupaba a los musulmanes en las ciudades españolas medievales. En Abanilla ésta poseía un edificio para administrar justicia. Consistía en una sala sobre la torre de entrada a la fortaleza. La mezquita y el cementerio árabe se hallaban en la calle san Benito. Ambos desaparecieron en época cristiana y permanecieron en el olvido hasta 1917, cuando la construcción de un colegio hizo aflorar los restos musulmanes.

La Reconquista de Abanilla

El reino de Murcia fue tomado por las tropas castellanas de Alfonso X en el año 1243. A los musulmanes se les permitió conservar su religión, costumbres e instituciones a cambio del pago de tributos. El levantamiento mudéjar en 1264 justificaba la presencia de Jaime I, monarca de Aragón, en Orihuela, donde llegó a pactar la paz con el reyezuelo murciano Aben Hudiel. En 1281 Alfonso X concedió al noble aragonés Guillén de Rocafull, pariente de Jaime I, el señorío de Abanilla, por haberle ayudado con la sublevación mudéjar. El siglo XIV supuso una continua disputa por las tierras de Abanilla entre las Coronas de Castilla y Aragón. En el año 1434 un descendiente de los Rocafull cedió Abanilla a la Orden de Calatrava. Los destinos de Abanilla y Orihuela se habían separado al pertenecer una a la Corona de Castilla y la otra a Aragón. Se convirtió en zona fronteriza y eran constantes las reyertas entre ambas poblaciones.

Cruz de la Orden de Calatrava


LA EDAD MODERNA:

La expulsión de los moriscos

La villa de Abanilla poseía más moriscos que ningún otro municipio de Murcia, su número rebasaba el millar. Cuando el Rey Felipe III decretó su expulsión de territorio español en 1613, la población sufrió un grave descenso. La villa se encontró sin mano de obra para las tareas agrícolas y sufrió una depresión económica. Las consecuencias de esta expulsión no se superarían hasta un siglo después.

Urbanismo y arquitectura del XVIII

Debido al aumento de la población, que llegó a alcanzar los 7.000 habitantes, la villa hubo de crecer para acoger a los nuevos vecinos. El siglo XVIII, para Abanilla supuso un siglo de prosperidad. Las nuevas construcciones superaron el trazado medieval y rebasaron la antigua muralla. Del siglo XVIII son la mayoría de edificios significativos de Abanilla. Su Ayuntamiento lleva el escudo de Fernando VI por ser este Rey el que favoreció su construcción. La iglesia de San José, situada en la parte baja de la villa, fue consagrada en 1709 por el cardenal Belluga. También del siglo XVIII son las casas señoriales Pintada y Cabrera, que albergaron a familias de renombre y altos cargos como el comendador.

Ayuntamiento de Abanilla


LA EDAD CONTEMPORÁNEA:

Trenzando esparto

La primitiva industria del esparto fue la principal actividad económica de Abanilla hasta la primera mitad del siglo XX. Se conocía con el nombre de capacho o cofín, términos derivados del latín. La tradición de trabajar esta planta proviene de los moriscos, que elaboraban sus esparteñas o calzado con suela de este material. La manufactura del esparto produce innumerables objetos: cestos, esteras, garbillos o cordelería. La mano de obra era fundamentalmente femenina y sufría unas durísimas condiciones laborales. Con la creación de una cooperativa los ingresos revierten sobre la propia localidad y la situación de las trabajadoras mejora.

El municipio y su entorno en el XX

La canalización de aguas del Taibilla, realizada en 1959, junto a las obras del alcantarillado, trajo el agua potable a los hogares de Abanilla y supuso el mayor avance urbanístico del pueblo. A finales del siglo XX el municipio contaba con una población de 6.166 habitantes, repartidos en 236'6 Km. cuadrados de extensión. El 57,53% de sus tierras era de cultivo, con un total de 13.460 hectáreas plantadas. A la vez disfrutaba con 5.178 hectáreas de terreno forestal repartidas en hermosos parajes. El río Chícamo en sus primeros tramos es de gran belleza, destacando su paso por el Cañón del Cajer. Pero el paisaje más característico del término municipal es el de los barrancos o 'bad lands'. Una extensión formada por la sucesión de abarrancamientos producto de la erosión hídrica, sin vegetación alguna.


Fuente: www.regmurcia.com